Revista Fiscalía en Acción / 74
pública para enfrentarlo y daba
margen para eludirlo a quienes
son responsables de resolverlo.
No haber actuado por mi par-
te contra la tregua hipócrita, el
pretender barrer la basura de-
bajo de la alfombra, no era ni
es legal, ni responsable ni ético,
desatender el tema también po-
día generar consecuencias no
deseadas: una percepción inde-
bida del abandono por parte de
las autoridades.
Por eso me he mantenido al
frente de desafiar los intereses
perversos de los que provocaron
ese pacto oscuro.
Apesar de la dificultad, enningún
momento actuamos sobre una
base de improvisación, intereses
o pragmatismo sin escrúpulos,
lo que hacemos se fundamenta
siempre en premisas sólidas de
pensamiento y valores. He bus-
cado a lo largo de mi gestión la
justicia para los salvadoreños
de manera que pudieran vivir en
calma, que permitiera moverse
con libertad con la vista en las
generaciones futuras, esto me
llevó a quedarme solo en esta
batalla, por largo tiempo.
Pero nunca permití que el temor
y la amenaza quebrantaran mi
fuerza y convicción, me mueve
la entereza, el trabajo y el tesón
de los salvadoreños y salvadore-
ñas que permiten salir siempre
adelante, pese a la adversidad y
pese a lo grave de los retos y los
problemas.
Soy un fiel convencido que los
cambios que valen la pena son
aquellos que se traducen en
mayor bienestar para los ciu-
dadanos, no en contra de sus
vidas, ni de su paz ni de su tran-
quilidad.
Más allá de mis errores y mis li-
mitaciones, he puesto toda mi
voluntad, tiempo y vida, todo mi
conocimiento y entendimiento en
la construcción de una nueva fis-
calía, robusta, fuerte, justa por el
bien común de toda una nación,
impulsado por el inmenso y pro-
fundo amor a mi patria el salva-
dor, servir a la patria es la mayor
honra a la que los ciudadanos
podemos aspirar, pero servirla en
momentos de dificultad, de crisis,
de inseguridad, de discusiones y
atropellos de políticos, de crisis
entre los poderes de estado, de
la política y los intereses particu-