Un Hombre plagado de sencillez, sentido de humor agudo
y revitalizante, fuente de energía por su actitud hacia la
vida con optimismo contagioso y de esperanza perpetua.
Él sabía que era necesario trabajar duro, siempre respetó a
las personas, siempre era amable con todo el mundo y en
especial con las víctimas de la violencia.
Se esforzó por dar a sus hijos la mejor educación que le fue
posible, un buen ejemplo y todo el amor del mundo.
Los fiscales y policías tenemos que trabajar muy duro con
el valor y la energía necesarios para alcanzar los objetivos, y
juntos somos lo suficientemente fuertes para hacer lo que
el país espera de nosotros.
Solo el amor de la justicia que tiene en su corazón un fiscal lo
capacita para defenderla de verdad, nuestra buena voluntad
es un arma política, eficaz y certera porque tenemos amor
por nuestra patria.
Por el deber, por el honor, por el país.
Andrés, descansa en paz.