Pandilleros culpables de siete crímenes fueron condenados a penas de entre 30 y 150 años de cárcel

Jorge C.; febrero 12, 2018

La Fiscalía General de la República (FGR), logró establecer la responsabilidad penal por el homicidio de un profesor de ajedrez, el de un técnico en electrónica, quien hacía trabajos a agentes policiales y los de otras cinco víctimas que fueron privadas de la vida, porque los delincuentes las consideraron informantes de la Policía. Ahora, los culpables deberán cumplir entre 30 y 150 años en prisión.

El reporte oficial de la Unidad Especializada de Delitos de Crimen Organizado, describe que la vista pública fue desarrollada por el Tribunal Sexto de Sentencia de San Salvador, en contra de 10 integrantes de la pandilla 18 revolucionarios.

A ellos se les procesó por los hechos violentos que consumaron a finales del 2014 y en enero de 2015, en la colonia IVU y Barrio Concepción en esta ciudad.

Entre las personas asesinadas están Roxana Abigail Meléndez Peraza y Marta Beatriz Meléndez Campos, asesinadas porque las catalogaron como informantes de la Policía; además, el instructor de ajedrez Adolfo Melara Rodríguez y el técnico en electrónica, Raúl Antonio Montes, quien tenía un negocio al cual llegaban los agentes para que les reparara aparatos eléctricos.

Pero también purgaron a miembros de su organización delictiva porque creyeron que se habían criteriado con las autoridades y otros por incumplir las órdenes que se les daban.

El Tribunal determinó que las penas sean cumplidas de la siguiente manera: 150 años de cárcel para Jefferson Alexander Gómez Sánchez, por su participación en cinco asesinatos. José Alexander Alvarenga García, con 90 años y Welman Rafael Renderos Benítez, con 120 y con 60 años para Darwin Misael Dávila Acosta.

Los condenados a 30 años son: Ely Naún Dávila Acosta, Luis Alberto Paredes, Marvin Alexander Basilio Esquivel, Walter Abrahán Palacios Beltrán, Jeffry Isaac Corvera Moran y Leoncio Velis Reyes.

El juicio fue desarrollado de manera virtual debido a que se encuentran recluidos en cárceles bajo fuertes medidas de seguridad, debido a su peligrosidad.

 

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